Ir al contenido principal

 

786

El amor de Rumi y de Shams de Tabriz

primera parte

 

Además del amor entre José y Zulaica, hay en tierra del islam otro amor  que ejerce una verdadera fascinación, se trata del amor entre Shams de Tabriz y Rumi. Se dice de este amor, que su frescura se asemeja a un brote siempre en proceso de eclosión, tan vivo y límpido como el misterio del Viviente bajando del firmamento a la tierra; tan cercano de nosotros como el halito que exhalamos. ¿Cuál es el misterio de este amor? Si no se debe confundir con el amor humano, incluso en su mas sublime grado, mas bien considerarse como el grado mas alto del amor espiritual, entonces ¿cuál es su significado profundo? ¿Cómo se manifiesta?

Las definiciones del amor

En una de sus odas, Rumi dice lo siguiente de este amor divino:

Se trata de un árbol de amor, su tronco es pura luz

sus ramas crecen en la pre eternidad y sus raíces se encuentran en la eternidad.

Este árbol de amor no reposa ni sobre el Trono, ni sobre la tierra (Diwan i-Kabir libro I,192)

 

Este amor es tal que la tierra nunca ha conocido algo semejante

y nunca más lo conocerá (D.K. II,579)

 Son tantas las cosas que se han contado y escrito desde hace siglos de esta divina amistad. Se han hecho múltiples comentarios acertados como erróneos, y es normal que cada uno quiera dar de este amor su interpretación, pero lo que me propongo aquí es exponer el pensamiento de Rumi e indicar ciertos temas recurrentes apoyándome en sus propios versos.

La cuestión que siempre surge es saber si la relación de Shams y Rumi es la relación del amado al amante o la del maestro al discípulo. Pero sin embargo Rumi mismo, dice que  en “este amor que carece de tronco y cuyas ramas se encuentran en la pre eternidad y sus raíces en la eternidad”,  no hay ni bienamado, ni amante, ni maestro ni discípulo en el sentido en que nosotros superficialmente lo entendemos. Porque para el camino sufí, la dimensión real de este amor es una dimensión velada que no puede ser aprehendida por los que no se han “anonadados en la esencia oculta de Shams de Tabriz y de Rumi”, que no se han abrasado, calcinados en el fuego de este amor. Rumi insiste que, para hablar de este amor, no se trata de sabiduría, de poseer un amplio bagaje sobre estos temas. Desvelar el sentido trascendental de este sublime amor, que ni reposa en la tierra ni el Trono celeste, no procede de la ciencia. En uno de sus versos dice lo siguiente:

Desde que la escuela del amor ha sido instituida en la tierra, ningún problema más complejo ha surgido que el de la relación entre el amante y el amado, el enamorado y el bienamado. Y ciertamente hay otras vías a la analogía, a la que recurren los médicos, pero esos caminos que permiten resolver el problema permanecen cerrados al jurista, a los médicos y a los magos que intentan interpretar las estrellas.  Muchos eruditos, muchos hombres de mentes brillantes se han esforzado de una forma u otra, en diferentes momentos por comprender la diferencia entre el amante y el amado. Han adelantado diferentes opiniones y se han aventurado en diferentes controversias. Se contradijeron entre sí, pero al final no pudieron alcanzar la realidad interior. Evocaron el hecho de que hay numerosas diferencias entre el amante y el amado, pero los caminos tomados por cada uno de ellos estaban obstruidos. Nadie ha podido adquirir el verdadero conocimiento sobre el amante y el amado (DK I,345)

 

Rumi, nuestro maestro, Mevlana, que también apodan “el sultán de los amantes”, afirma que nadie adquiere verdadero conocimiento sobre el amante y el amado ¿Por qué nadie puede saber la diferencia entre el amante y el amado? ¿Por qué nadie ha podido llegar a esta realidad? Las respuestas solo se pueden encontrar en los versos de Rumi:

El amor es extranjero a ambos mundos: hay setenta y dos locuras y sinrazones. La religión del amante es otra que la de las setenta y dos sectas (Mathnawi, libro III, 4719)

 

Abû Hanifa, que fue uno de los más grande jurista y sabio musulmán, nunca habló del amor, y Shâfii, otro gran jurista fundador de una de las cuatro escuelas sunní, jamás ha mencionado nada sobre este tema. En ciencia religiosa la polémica sobre “esto es licito, esto no es licito” tiene una finalidad, mientras que la ciencia de los enamorados no tiene finalidad. La religión del amor es distinta de todas las otras religiones. Dios es a la vez la Ley revelada (sharía) y la religión de los enamorados (DK I, 199)

El amor no se aprende haciendo ejercicios y aprendiendo lecciones (DK II, 751)

Cualquier que su pulso no palpite al ritmo del amor, considéralo como un burro, y eso incluso si es el Platón de su tiempo (DK II, 552)

Del amor no existe ninguna ciencia. ¿Entonces cómo podemos acercarnos a él? Rumi nos da una indicación cuando dice: “Si quieres aprender el amor y los estados del amor, ve y pregunta al amor: aprende el amor del amor”. Se precisa para entender estas palabras, penetrarlas en su realidad.  Mi maestro Sefik Can Dede, quien dirigió la cofradía y dedicó toda su vida a Mevlana y a sus obras, decía: “No pretendan conocer a Mevlana preguntando a derecha e izquierda, de un lado para otro, sino de Mevlana mismo: descubrirás a Mevlana en sus propias obras”. Para aprender el amor del amor mismo, formulemos preguntas en términos del amor mismo:” ¿qué es entonces el amor?, “¿Quién es el enamorado y quien es el bienamado?”, y encontrar las respuestas en las obras mismas de Mevlana. ¿Cómo define el sufí el amor? He aquí algunos indicios:

El amor es el lugar donde recibimos nuestras lecciones. Es Dios el Majestuoso quien nos da las lecciones en el plano espiritual (DK I, 162) 

Haz de saber que al que tu consideres como un amante, considéralo también como bienamado, porque es tanto uno como otro. Si los sediento buscan agua en este mundo el agua también el agua busca en este mundo a los sedientos (Mathnawi I, 1740)

Si le preguntamos a Mevlana: “¿qué es entonces, en este caso, el amor?”, nos daría una esta respuesta:

Si te preguntan que es el amor, di: el amor es el hecho de abandonar el deseo de hacer o no hacer, la voluntad (Libro I,210)

El amor es como el profeta entre Dios y su siervo

El amor no es otra cosa que el reino espiritual, la gracia y la asistencia de Dios, el corazón apaciguado

El amor es la casa de Dios

El amor es un espejo divino

El amor no tiene ninguna relación con este mundo efímero

El amor es el misterio de Dios, un misterio tan antiguo que nada le precede

El amor es un océano sin orillas, suspendido en el espacio, y solo una ínfima gota de este infinito océano es esperanza. Todo el resto es temor

 

Encontramos en los pareados de Rumi una interpretación que resume a todas estas definiciones. Se fundamenta en el análisis de la raíz árabe ‘ishq, que designa al amor (Rubayat 1178): Rumi nos dice que ‘ain es la primera letra de ‘ishq, que también es la primera de ‘ibada que quiere decir “adoración”; sin es la segunda y también la primera de shukr, la “gratitud”, y qâf, ultima letra de la palabra “amor” es la primera de qinâ’a, la “satisfacción”.

De todas estas definiciones, se desprende que el amor divino del que trata Rumi no tiene relación ni de cerca ni de lejos con nuestro mundo efímero, con el pensamiento y la experiencia común. Según la doctrina que él profesa, el amor es una esencia divina que Dios únicamente otorga a los que se muestran dignos.

En cuanto querer hacer del amor una metáfora de la relación entre el discípulo y el maestro, y concebir la relación existente entre Rumi y Shams de esta manera, es refutada por una cuarteta del Gran Diwan:

En materia de amor, no existe ni inferioridad ni superioridad.

En materia de amor no hay que aprender el Corán de memoria, y ni la noción de maestro ni de discípulo cuentan (Libro IV, 446)

Mevlana se opone a toda forma de analogía de este tipo, en querer relacionar ese amor con el vínculo entre el discípulo y el maestro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

  ¿Cómo reaccionamos ante un mundo que parece fuera de control? El mundo parece así porque efectivamente,  está fuera de control: el sol sale lo queramos o no; la tostadora se estropea; alguien te corta el paso camino del trabajo. Nunca hemos tenido el control. Tenemos la ilusión de control cuando las cosas van como pensamos que deben ir. Y cuando no lo hacen, decimos que hemos perdido el control, y ansiamos algún estado iluminado más allá de todo esto, donde imaginamos que volveremos a tener el control. Pero lo que realmente queremos es la paz.   Pensamos    que teniendo el control o alcanzando la «iluminación», (y nadie sabe lo que eso significa) encontraremos la paz. Antes de que despertara a la realidad en 1986, tenía un símbolo para eso: los calcetines de mis hijos. Cada mañana estaban en el suelo, y cada mañana pensaba: «Mis hijos deberían recoger sus calcetines». Era mi religión. Se podría decir que mi mundo se disparaba fuera de control: en mi mente h...