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El amor de Rumi y de Shams de Tabriz
primera parte
Además del amor entre José y Zulaica, hay en tierra del islam otro amor que ejerce una verdadera fascinación, se trata del amor entre
Shams de Tabriz y Rumi. Se dice de este amor, que su frescura se asemeja a un
brote siempre en proceso de eclosión, tan vivo y límpido como el misterio del
Viviente bajando del firmamento a la tierra; tan cercano de nosotros como el
halito que exhalamos. ¿Cuál es el misterio de este amor? Si no se debe
confundir con el amor humano, incluso en su mas sublime grado, mas bien
considerarse como el grado mas alto del amor espiritual, entonces ¿cuál es su
significado profundo? ¿Cómo se manifiesta?
Las definiciones del amor
En una de sus odas, Rumi dice lo siguiente de este amor
divino:
Se trata de un árbol
de amor, su tronco es pura luz
sus ramas crecen en
la pre eternidad y sus raíces se encuentran en la eternidad.
Este árbol de amor no
reposa ni sobre el Trono, ni sobre la tierra (Diwan i-Kabir libro I,192)
Este amor es tal que
la tierra nunca ha conocido algo semejante
y nunca más lo
conocerá (D.K. II,579)
Son tantas las cosas
que se han contado y escrito desde hace siglos de esta divina amistad. Se han
hecho múltiples comentarios acertados como erróneos, y es normal que cada uno quiera
dar de este amor su interpretación, pero lo que me propongo aquí es exponer el
pensamiento de Rumi e indicar ciertos temas recurrentes apoyándome en sus
propios versos.
La cuestión que siempre surge es saber si la relación de
Shams y Rumi es la relación del amado al amante o la del maestro al discípulo. Pero
sin embargo Rumi mismo, dice que en “este
amor que carece de tronco y cuyas ramas se encuentran en la pre eternidad y sus
raíces en la eternidad”, no hay ni
bienamado, ni amante, ni maestro ni discípulo en el sentido en que nosotros superficialmente
lo entendemos. Porque para el camino sufí, la dimensión real de este amor es
una dimensión velada que no puede ser aprehendida por los que no se han
“anonadados en la esencia oculta de Shams de Tabriz y de Rumi”, que no se han
abrasado, calcinados en el fuego de este amor. Rumi insiste que, para hablar de
este amor, no se trata de sabiduría, de poseer un amplio bagaje sobre estos
temas. Desvelar el sentido trascendental de este sublime amor, que ni reposa en
la tierra ni el Trono celeste, no procede de la ciencia. En uno de sus versos
dice lo siguiente:
Desde que la escuela
del amor ha sido instituida en la tierra, ningún problema más complejo ha
surgido que el de la relación entre el amante y el amado, el enamorado y el
bienamado. Y ciertamente hay otras vías a la analogía, a la que recurren los
médicos, pero esos caminos que permiten resolver el problema permanecen cerrados
al jurista, a los médicos y a los magos que intentan interpretar las estrellas.
Muchos eruditos, muchos hombres de
mentes brillantes se han esforzado de una forma u otra, en diferentes momentos
por comprender la diferencia entre el amante y el amado. Han adelantado
diferentes opiniones y se han aventurado en diferentes controversias. Se
contradijeron entre sí, pero al final no pudieron alcanzar la realidad
interior. Evocaron el hecho de que hay numerosas diferencias entre el amante y
el amado, pero los caminos tomados por cada uno de ellos estaban obstruidos.
Nadie ha podido adquirir el verdadero conocimiento sobre el amante y el amado
(DK I,345)
Rumi, nuestro maestro, Mevlana, que también apodan “el
sultán de los amantes”, afirma que nadie adquiere verdadero conocimiento sobre
el amante y el amado ¿Por qué nadie puede saber la diferencia entre el amante y
el amado? ¿Por qué nadie ha podido llegar a esta realidad? Las respuestas solo
se pueden encontrar en los versos de Rumi:
El amor es extranjero
a ambos mundos: hay setenta y dos locuras y sinrazones. La religión del amante
es otra que la de las setenta y dos sectas (Mathnawi, libro III, 4719)
Abû Hanifa, que fue uno de los más grande jurista y sabio
musulmán, nunca habló del amor, y Shâfii, otro gran jurista fundador de una de las
cuatro escuelas sunní, jamás ha mencionado nada sobre este tema. En ciencia
religiosa la polémica sobre “esto es licito, esto no es licito” tiene una finalidad,
mientras que la ciencia de los enamorados no tiene finalidad. La religión del
amor es distinta de todas las otras religiones. Dios es a la vez la Ley
revelada (sharía) y la religión de los enamorados (DK I, 199)
El amor no se aprende haciendo ejercicios y aprendiendo
lecciones (DK II, 751)
Cualquier que su pulso no palpite al ritmo del amor,
considéralo como un burro, y eso incluso si es el Platón de su tiempo (DK II,
552)
Del amor no existe ninguna ciencia. ¿Entonces cómo podemos
acercarnos a él? Rumi nos da una indicación cuando dice: “Si quieres aprender
el amor y los estados del amor, ve y pregunta al amor: aprende el amor del
amor”. Se precisa para entender estas palabras, penetrarlas en su realidad. Mi maestro Sefik Can Dede, quien dirigió la
cofradía y dedicó toda su vida a Mevlana y a sus obras, decía: “No pretendan
conocer a Mevlana preguntando a derecha e izquierda, de un lado para otro, sino
de Mevlana mismo: descubrirás a Mevlana en sus propias obras”. Para aprender el
amor del amor mismo, formulemos preguntas en términos del amor mismo:” ¿qué es entonces
el amor?, “¿Quién es el enamorado y quien es el bienamado?”, y encontrar las
respuestas en las obras mismas de Mevlana. ¿Cómo define el sufí el amor? He
aquí algunos indicios:
El amor es el lugar donde recibimos nuestras lecciones. Es Dios
el Majestuoso quien nos da las lecciones en el plano espiritual (DK I,
162)
Haz de saber que al que tu consideres como un amante,
considéralo también como bienamado, porque es tanto uno como otro. Si los
sediento buscan agua en este mundo el agua también el agua busca en este mundo
a los sedientos (Mathnawi I, 1740)
Si le preguntamos a Mevlana: “¿qué es entonces, en este
caso, el amor?”, nos daría una esta respuesta:
Si te preguntan que es el amor, di: el amor es el hecho de
abandonar el deseo de hacer o no hacer, la voluntad (Libro I,210)
El amor es como el
profeta entre Dios y su siervo
El amor no es otra
cosa que el reino espiritual, la gracia y la asistencia de Dios, el corazón
apaciguado
El amor es la casa de
Dios
El amor es un espejo
divino
El amor no tiene
ninguna relación con este mundo efímero
El amor es el
misterio de Dios, un misterio tan antiguo que nada le precede
El amor es un océano
sin orillas, suspendido en el espacio, y solo una ínfima gota de este infinito
océano es esperanza. Todo el resto es temor
Encontramos en los pareados de
Rumi una interpretación que resume a todas estas definiciones. Se fundamenta en
el análisis de la raíz árabe ‘ishq, que designa al amor (Rubayat 1178):
Rumi nos dice que ‘ain es la primera letra de ‘ishq, que también
es la primera de ‘ibada que quiere decir “adoración”; sin es la
segunda y también la primera de shukr, la “gratitud”, y qâf,
ultima letra de la palabra “amor” es la primera de qinâ’a, la
“satisfacción”.
De todas estas definiciones, se
desprende que el amor divino del que trata Rumi no tiene relación ni de cerca
ni de lejos con nuestro mundo efímero, con el pensamiento y la experiencia común.
Según la doctrina que él profesa, el amor es una esencia divina que Dios
únicamente otorga a los que se muestran dignos.
En cuanto querer hacer del amor
una metáfora de la relación entre el discípulo y el maestro, y concebir la
relación existente entre Rumi y Shams de esta manera, es refutada por una
cuarteta del Gran Diwan:
En materia de amor,
no existe ni inferioridad ni superioridad.
En materia de amor no
hay que aprender el Corán de memoria, y ni la noción de maestro ni de discípulo
cuentan (Libro IV, 446)
Mevlana se opone a toda forma de analogía de este tipo, en
querer relacionar ese amor con el vínculo entre el discípulo y el maestro.
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